![]() |
![]() |
Hemos conseguido saber mucho del sonido y existe una rama de la física que se ocupa de ello. Lo sabemos todo de cómo se produce y de cómo se transmite. Aun así, la física no se hace cargo de averiguar cómo actúa sobre nuestra psique. Disponemos de explicaciones y determinaciones suficientemente científicas sobre el efecto del sonido en nuestro cuerpo: de lo que se denomina convencionalmente ruido se sabe de qué manera opera sobre nosotros y que nos produce molestias, estrés e incluso enfermedades. También tenemos idea clara del efecto del sonido sobre los objetos: todo empieza con el episodio de las trompetas que derribaron los muros de Jericó y se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial con los cañones de sonido alemanes. Ahora ya vivimos, pues, en un mundo en el que existen armas sónicas. A este tema dedicaremos una noche del festival. De la forma en la que el sonido actúa sobre los animales podemos poner también dos ejemplos: uno de ficción, el del flautista de Hammelin, y uno verdadero, el de los encantadores de serpientes con sus flautas been. Los instrumentos de viento, utilizados desde hace 30.000 años, también merecerán una atención especial en esta edición del festival. Del ruido que piensa, que es como Victor Hugo definía la música, y de sus efectos sobre nuestro cerebro, otra ciencia, la neurología, ha llegado a certezas muy útiles para saber, precisamente, cómo funciona el cerebro. De su historia y evolución trata la musicología, y de cómo influye en nuestro estado de ánimo y en nuestros sentimientos, la psicología lleva tiempo queriendo tener sus cosas que decir, y hace esfuerzos por encontrarlas, aunque en la práctica esto queda para nuestro propio juicio. Una vez que el sonido ha provocado la vibración de nuestro complejo sistema auditivo y éste ha transmitido al cerebro toda la información, establecemos un diálogo interno con aquello que pasa de ser ondas sonoras a ser considerado música. En aquel momento se pone en marcha el sofisticado sistema cultural de cada individuo, dispositivos de reconocimiento empiezan a trabajar para delimitar qué parte de la información está procesada o pendiente de procesar. Se producen conexiones con otra información almacenada, la mente especula con las posibilidades de devenir de lo que va sucediendo en el tiempo, a través del cual nos desplazamos de manera efectiva cuando escuchamos música y nos produce emociones, lo que, en principio, no es necesariamente deducible de todo lo anterior. Pero pasa. El dispositivo emocional de cada individuo en relación a cada música es único. Esta undécima edición del LEM pone a tu alcance muchas músicas y te invita a dialogar con ellas, a descubrirlas y a experimentar emociones. No es necesario que te acerques con actitud científica; el LEM habrá alcanzado su objetivo si el tuyo es emocionarte. Déjate encantar. Déjate llevar. el equipo de Gràcia Territori Sonor
|